ENTRE EL TÍTULO UNIVERSITARIO Y LA CERTIFICACIÓN DE COMPETENCIAS

Por: Sandra Herrera/José M. Calle

ESCUELA INTERNACIONAL CREATIVA Y DE INNOVACIÓN

Dos temas han estado, desde hace ya varios años, cuestionando a la mayoría de los sistemas educativos universitarios de países latinoamericanos y Colombia no ha sido la excepción. El primer tema es la marcada desconexión entre los saberes académicos que sustentan los títulos universitarios y las necesidades de los sectores productivos, sociales y de servicios, es decir, la distancia entre lo que se enseña y se aprende en la universidad y lo que requieren las empresas. El segundo tema es la necesidad de construir o validar rutas alternas de formación, reconociendo que no todas las personas tienen que aspirar a un título universitario, es decir, que una persona pueda profesionalizarse en uno o varios oficios que le permitan su realización como persona, su desarrollo vocacional, así como insertase con competencias suficientes en el sector productivo.

Estas realidades referidas, aunadas a las limitaciones que los sistemas universitarios tienen de garantizar más cobertura, más pertinencia y una mayor capacidad de respuesta ante los cambios y necesidades de los contextos, ha conducido a que empresas de distinta naturaleza a nivel global y nacional, se interesen por generar y validar sus propios procesos de formación de talento humano, considerando las mejores prácticas y recogiendo los valiosos aportes que desde la formación a la medida o por demanda se puedan tener.

Es así como Google, Amazon, Reanult (Sofasa), entre otras, han generado procesos para la certificación interna de la adquisición, validación o perfeccionamiento del saber hacer, permitiendo así la cualificación de los oficios, la profesionalización de los empleos, una mayor apropiación de marca e identidad corporativa (sentido de pertenencia), una menor rotación de empleados, el mejoramiento de la autoestima y el reconocimiento en la comunidad empresarial y social.

Esto ha derivado en un capital humano más estable, más compromiso con las organizaciones, la redefinición de proyectos de vida que reconocen la importancia del saber hacer con sustento conceptual y práctico; así como una dignificación del oficio a partir del reconocimiento de capacidades individuales para el trabajo en equipo.

Estas prácticas han permitido la generación de modelos de gestión del conocimiento y el desarrollo para la innovación a partir de la investigación aplicada (I+D+i) en contextos reales (reconversión tecnológica, nuevos esquemas técnicos de mantenimientos y operaciones de equipamientos especializados y mejoras en procesos internos de calidad, entre otros). Todo esto sin la necesidad de que el personal base de la pirámide productiva ostente títulos universitarios y sin pretender ocupar el terreno de lo académico.

Por todo lo anterior es necesario entender que los procesos formativos a la medida y la generación de rutas alternas a las académicas tradicionales son necesarias y válidas para el cierre de brechas sociales y productivas que la mayoría de los sectores económicos del país enfrentan. Esto sin desconocer el aporte de la formación académica universitaria dirigida a un grupo que ve en esta su opción de desarrollo personal, profesional y laboral. Vale la pena precisar, que dichas rutas diferenciales deben ser trazadas como alternativas para oficios y artes no solo enmarcadas en el saber técnico que demande el sector productivo, sino, considerando a la sociedad en general. Por esto es importante concebir procesos para artistas, artesanos y emprendedores, entre otros, que les permita la validación y dignificación de su oficio, tarea que desde la Escuela Internacional Creativa y de Innovación venimos realizando en distintas regiones de América Latina.

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